No importa cuántas competencias ganes o cuántos títulos tengas. Siempre va a haber una lista interminable de debilidades en las que podrías trabajar.
El deporte es infinitamente refinable.
Siempre podés mejorar tu coordinación para levantar más peso,fortalecer la zona más débil de tus piernas para correr más rápido, ajustar tu técnica para moverte con más eficiencia.
Mejorar es una tarea interminable. Y entender eso es lo que separa a un atleta con mentalidad de ganador de uno con mentalidad de perdedor.
Un ganador no se frustra porque siempre hay algo por corregir.
Lo usa como motivación para seguir entrenando.
En la mayoría de los casos, la diferencia entre una mentalidad de ganador y una de perdedor está en cuánta confianza real tiene una persona en sí misma.

La confianza se construye.
Un atleta con mentalidad de ganador tiene confianza, pero esa confianza no aparece sola.
Se construye con trabajo. Si tu confianza no está fundamentada en trabajo, entonces ¿en qué está fundamentada?
En nada. En ego falso. Y todo lo que no tiene base es frágil.
Demasiadas personas se quedan atrapadas en la autocompasión. Eso es un loser mindset: enfocarse más en lo que falta que en lo que se puede hacer.
La confianza no se imagina, se entrena.

Honestidad y claridad
Para confiar en vos mismo necesitás dos cosas:
- Honestidad. Ser capaz de admitir si realmente estás dando tu 100%.
- Claridad. Saber cuál es tu 100%. No más, no menos.
Si tenés estas dos cosas, lo único que te hace falta es paciencia.El progreso real no aparece de un día para otro; se construye a través de años de consistencia.
El nerviosismo no es el enemigo
Antes de competir o enfrentar un reto importante, sentir nervios es normal. No significa que no estés preparado: tu cuerpo está activando el sistema nervioso para rendir.
Aprendé a usar esa energía a tu favor.
El nerviosismo no te paraliza si lo entendés: te prepara.
Perder también forma parte de ganar
Tener mentalidad de ganador no significa ganar siempre.
Significa no abandonar el proceso cuando perdés.
Para ganar, hay que perder muchas veces. Un atleta con mentalidad de ganador suele tener más tolerancia al fracaso o resiliencia.
Nadie nace siendo el mejor.
El objetivo de desarrollar una mentalidad de campeón no es evitar los errores,sino alejarte de esa voz que dice:
“No soy lo suficientemente bueno.”
Siendo honestos, tus primeras competencias probablemente no sean perfectas.
Y está bien.Los grandes atletas son el resultado de años de trabajo sostenido, no de un momento de inspiración.
Motivación y control emocional
La motivación es un lujo pasajero.
Podés disfrutarla cuando aparece, pero no dependas de ella.
Los atletas que llegan lejos no lo hacen porque siempre están motivados, sino porque tienen control emocional. Saben lo que tienen que hacer, incluso cuando no tienen ganas. Las decisiones en temas de disciplina no deben de ser emocionales, sino racionales.
Eso es lo que diferencia a quien entrena por impulso de quien entrena con propósito.
Una mentalidad de ganador no se trata solo de ganar.
Se trata de mejorar, incluso cuando no hay medallas de por medio.
De ser honesto con tu esfuerzo, disciplinado con tu proceso y paciente con tus resultados.

