Todavía tengo mi primer cuaderno de entrenamiento.
Las hojas están manchadas de agua con cloro por las notas que tomaba después de mi entreno de natación.
Empecé a escribir ahí cuando tenía 14 años, sin imaginar que ese hábito iba a cambiar mi vida.
Desde entonces, los últimos 18 años de mi vida han girado alrededor del fitness y de todo lo que eso conlleva:
una buena alimentación, cuidar mi estado de ánimo, fortalecer mi mentalidad, ganar masa muscular y mantener un porcentaje de grasa saludable.
Con el tiempo me fui dando cuenta que todo eso no solo mejora el cuerpo, también da estructura a la mente.
Entrenar el cuerpo es un proceso de transformación, no solo física, sino también mental y emocional.

Durante más de una década fui atleta. Viví de cerca la exigencia, la frustración y también la satisfacción de dar el 100%.
Con el tiempo, decidí que para el siguiente capítulo de mi vida quería convertirme en coach.Además de mis estudios en liderazgo y life coaching, descubrí que ayudar a otros a transformar su cuerpo y su mentalidad era una forma de trascender.
De alguna manera, enseñar se volvió mi manera de seguir aprendiendo. Sigo siendo alumno. Y planeo serlo toda la vida.
Con los años desarrollé mi propia filosofía:
Creo que el fitness es una herramienta para construir carácter.
Creo que lo único que realmente podés controlar es tu esfuerzo.
Y creo que, mientras más claridad tenés en tus objetivos más libre te sentís, porque dejas de considerar todas las opciones y enfocas tu energía en lo que importa.

El entrenamiento, para mí, no es una lucha contra el cuerpo, sino un diálogo con él. El dolor, el cansancio o la falta de ganas de entrenar son parte del lenguaje. Cuando aprendés a escucharlo, te das cuenta de que el movimiento no solo cambia cómo te ves, cambia cómo pensás.
Yo tomé la decisión de dedicarme a mi vocación.Uso mis habilidades para generar un cambio positivo en el mundo.
Creo que un cuerpo saludable ayuda a tener una mente saludable, y viceversa. Y me considero afortunado de haber encontrado algo que me exige, me reta y me enseña a diario.
Entrenar no se trata solo de levantar más peso o correr más rápido. Se trata de encontrarle gusto al esfuerzo, porque el verdadero progreso se construye una repetición a la vez.

